Carácter de la Revelación Espiritista/Allan Kardec

 

1. ¿Podemos considerar el Espiritismo como una revelación? ¿En este caso, cuál es su carácter? ¿Sobre qué se basa su autenticidad? ¿Por quién y de qué manera ha sido hecha? ¿La doctrina espiritista es una revelación en el sentido teológico de la palabra, es decir, es realmente el producto de una enseñanza oculta venida de lo alto? ¿Es absoluta o susceptible de modificaciones? ¿Aportándoles a los hombres la verdad totalmente hecha, la revelación no tendría por resultado de impedirles hacer uso de sus facultades, ya que les ahorraría el trabajo de la búsqueda? ¿Cuál puede ser la autoridad de la enseñanza de los Espíritus, si no son infalibles y no son superiores a la humanidad? ¿Cuál es la utilidad de la

moral que recomiendan, si esta moral no es otra que la del Cristo que conocemos? ¿Cuáles son las nuevas verdades que nos aportan? ¿Necesita el hombre una revelación y no puede encontrar por sí mismo y en su conciencia todo aquello que le necesario para conducirse? Tales son las cuestiones sobre las cuales es importante saber a qué atenerse.

 

 

2. Definamos primero el sentido de la palabra revelación. Revelar, del latino revelare, cuya raíz es velum, velo, significa literalmente salir de bajo el velo, y en el figurado: descubrir, dar a conocer una cosa secreta o desconocida. En su acepción vulgar más general, se dice de toda cosa ignorada que se da a conocer, de toda idea nueva que descubre lo que no se sabía.

 

Desde este punto de vista, todas las ciencias que nos dan a conocer los misterios de la naturaleza son revelaciones, y podemos decir que hay para nosotros una revelación incesante; la astronomía nos reveló el mundo astral que no conocíamos; la geología, la formación de la Tierra; la química, la ley de las afinidades; la fisiología, las funciones del organismo, etc.; Copérnico, Galileo, Newton, Laplace, Lavoisier fueron unos reveladores.

 

3. El carácter esencial de toda revelación debe ser la verdad. Revelar un secreto, es dar a conocer un hecho; si la cosa es falsa, no es un hecho, y por consiguiente no hay revelación. Toda revelación desmentida por los hechos no es tal revelación; si es atribuida a Dios, que no puede mentir ni equivocarse, entonces no puede emanar de Él; hay que considerarla como el producto de una concepción humana.

 

4. ¿Cuál es el papel del profesor frente a sus alumnos, si no es el del revelador? Les enseña lo que no saben, lo que ellos mismos no tendrían el tiempo ni la posibilidad de descubrir, porque la ciencia es la obra colectiva de los siglos y de una multitud de hombres que aportaron, cada uno, su contingente de observaciones, y que aprovechan los que vienen después de ellos. La enseñanza es pues, en realidad, la revelación de ciertas verdades científicas o morales, físicas o metafísicas, hecha por hombres que las conocen a otros que las ignoran, y que sin esto siempre hubieran ignorado.

 

5. Pero el profesor enseña sólo aquello que aprendió: es un revelador de segundo orden; el hombre de talento enseña lo que él mismo descubrió: es el revelador primitivo; aporta la luz que, poco a poco, se vulgariza. ¡Donde estaría la humanidad, sin la revelación de los genios qué aparecen de vez en cuando!

¿Pero qué son los genios? ¿Por qué son genios? ¿De dónde vienen? ¿En que se convierten? Observemos que la inmensa mayoría aportan al nacer facultades transcendentales y conocimientos innatos, que un poco de trabajo basta para desarrollar.

 

Pertenecen muy realmente a la humanidad, ya que nacen, viven y mueren como nosotros. ¿De dónde sacaron pues estos conocimientos que no pudieron adquirir de su vida? ¿Diremos, como los materialistas, que el azar les dio la materia cerebral en más gran cantidad y mejor calidad? En este caso, no tendrían más mérito que una verdura más gruesa y más sabrosa que otra.

 

 

¿Diremos, como ciertos espiritualistas, que Dios les dotó de un alma más favorecida que la de la mayoría de los hombres? Suposición también ilógica, ya que mancillaría a Dios de parcialidad. La única solución racional de este problema está en la preexistencia del alma y en la pluralidad de las existencias. El genio es un Espíritu que vivió más tiempo; que más Carácter de la Revelación Espiritista

Adquirió, por consiguiente, y más progresó que los que son menos avanzados.

 

Encarnándose, aporta lo que sabe, y como sabe mucho más que otros, sin necesitar aprender, es lo que se llama un hombre de talento o un genio. Pero lo que sabe es el fruto de un trabajo anterior, y no el resultado de un privilegio. Antes de renacer, era pues Espíritu avanzado; se reencarna, sea para ayudar a otros a aprovechar lo que sabe, o para seguir avanzando.

 

Los hombres progresan indiscutiblemente por sí mismos y por los esfuerzos de su inteligencia; pero, abandonados a sus propias fuerzas, este progreso es muy lento, si no son ayudados por hombres más avanzados, como el alumno lo es por sus profesores. Todos los pueblos tuvieron sus genios, que vinieron, en épocas diversas, para dar un impulso y sacarlos de su inercia.

 

Tomado del libro: carácter de la revelación espiritista/Allan Kardec

 

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